Ante lo que estĂĄ ocurriendo, se hace difĂcil imaginar cĂłmo se puede pensar pĂșblicamente de otro modo o, para decirlo de manera mĂĄs cruda, no pensar sino en establecer un nuevo acto de fuerza, de palabra o de obra, cuando no de mera indiferencia; porque se ha producido un acontecimiento no por reclamado menos inesperado: la libertad ha salido a la calle por su cuenta y riesgo para manifestar que las cosas ya no son como eran y nadie se va a dejar violentar mĂĄs. todo el mundo sabe lo que pasa, pero hasta dĂłnde llega es lo que se intenta pensar en este texto cuyo autor bien pudiera ser cualquiera, porque los tiempos han cambiado tanto como los sujetos, y no se va a entender nada de lo que se escribe, ni siquiera de lo que se vive en tĂ©rminos que ya pertenecen a la historia. se trata, sin duda, de la crisis, pero en realidad ya es otra cosa, y catacrack forma parte de ella: no hay, por supuesto, nada de sesudo ni acadĂ©mico en este bucear mĂĄs allĂĄ de los nombres propios y los hechos concretos, tan solo el conato del pensamiento por lanzarse a volar a travĂ©s de la brecha y pasar al otro lado de los muros caĂdos y las paredes rotas. un tiempo de acampada, lo queramos o no, se hace inevitable, a no ser que elijamos vivir entre cascotes. los libros no son los Ășnicos objetos que ahora estĂĄn ahĂ fuera, en redes sin dueño ni vasallo: el nuevo siglo que asoma sobre nuestras cabezas como una promesa trufada de avisos y advertencias serĂĄ intempestivo o no serĂĄ, ni nuestro ni de nadie.
